Actualizado: 15/07/2010 Registros:  916
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Girón: memorias de corresponsales de guerra

Por: Pedro Luis Padrón

(30/07/2010 10:24)

Girón, memorias de corresponsales de guerra

Ciénaga de Zapata, lugar de nuestro destino

Pedro Luis Padrón era un viejo lobo del periodismo. Siempre estuvo identificado con la causa de las mayorías populares. Había trabajado en el periódico Hoy, de los comunistas cubanos. Tras el triunfo del Primero de Enero de 1959, integró el cuerpo de reporteros del periódico Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio. En la revista UPEC (nro. 7, 1969),  Padrón dejó escrito un interesante testimonio. Él y el fotógrafo Ernesto Calderín, ambos ya fallecidos, fueron los primeros periodistas cubanos en llegar a Playa Girón con el propósito de reportar la invasión que se preparaba por la CIA y el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. Lo hicieron en los primeros días de enero de 1961, es decir tres meses y medio antes del desembarco de las fuerzas enemigas de Cuba.  

En los primeros días del mes de enero de 1961 en la redacción de Revolución, se efectúa una reunión de todos los reporteros y redactores. Elio Constantín y Humberto Hernández dan lectura a una lista de los lugares a que debían acudir cada uno. Al final dijo: Padrón y Calderín a la Ciénaga de Zapata.  

Confesamos que cuando escuchamos Ciénaga de Zapata, el lugar de nuestro destino, nos produjo cierta confusión mental. No concebíamos ¡qué rayos! íbamos a hacer en ese lugar un periodista y un fotógrafo. Pero era una orden y había que cumplirla disciplinadamente. Solo atinamos a decir: --Elio, ¿cuándo partimos?. --Inmediatamente --fue su respuesta, y gestionen la forma de comunicación con el periódico, si es posible todos los días, mejor. 

Calderín y yo tomamos en la terminal un ómnibus que nos llevó hasta Jagüey Grande. En el paradero investigamos cómo podíamos trasladarnos a Playa Larga, nuestro lugar de destino. Al doblar de la esquina estaba una pequeña guagüita con un rótulo en el costado de “Turismo Obrero-Campesino”. Era el vehículo que nos llevaría hasta Playa Larga, a 25 kilómetros de Jagüey Grande.  

Por la recién construida carretera que hizo el Gobierno Revolucionario para terminar con el aislamiento de la Ciénaga, rodó los 24 kilómetros nuestra pequeña guagüita hasta Bahía de Cochinos. Nuestra llegada a Playa Larga nos hizo cambiar la imagen inhóspita que nos hicimos de la Ciénaga de Zapata. Varios cientos de trabajadores de la construcción levantaban las cabañas, cafetería, restaurante, salones de taquillas del balneario.  

La guagüita se detuvo cerca de una nave que utilizaban para comedor de los trabajadores. Cerca del lugar estaba un miliciano haciendo guardia. Calderín y nosotros convenimos en que tendríamos que ver al jefe de la guarnición para comunicarle el motivo de nuestra presencia en Playa Larga. El compañero miliciano nos orientó: ¿Ven aquella casita de madera? Allí está el compañero Puppy. El es el sargento de nuestro pelotón.  

En la casita nos encontramos con Puppy y le informamos de la misión que nos encomendaba la dirección de Revolución.  

Después Puppy nos fue presentando a los otros compañeros que estaban francos. Supimos que todos eran de Cienfuegos y que pertenecían al Batallón 339.  

--Compañeros periodistas, nos dijo Puppy, aquí pueden dormir con nosotros.  Lo único que la cama no es cómoda, pero es amplia. Comprendimos que se refería al suelo, pero nosotros gustosos, estábamos dispuestos a compartirlo con el resto de los compañeros.  

Calderín y nosotros escogimos una habitación de aquella casita donde trabajaban arquitectos y dibujantes de las obras que la Revolución construía en la Ciénaga de Zapata. En el local estaba un aparato de microonda que comunicaba con el Central Australia, en Jagüey Grande.  

En enero de 1961 ninguno de los estábamos en aquel lugar sospechábamos que aquel aparato de microonda sería el que comunicaría, poco después de la madrugada del 17 de abril, la presencia de la invasión mercenaria.  

Cada mañana íbamos hasta Jagüey Grande y desde el centro telefónico establecíamos comunicación con Humberto Hernández. Informábamos que todo estaba tranquilo. Al final de la conversación, Humberto decía: “Llama mañana”.  

Calderín y nosotros rápidamente nos asimilamos a aquel pelotón del Batallón 339. Con Puppy recorríamos la playa en las madrugadas para el cambio de postas, como un medio de escapar del hostigamiento de los jejenes y mosquitos. Los días fueron estrechando nuestras relaciones con Ramón González Suco, con Roberto, con el Gallego, con el chofer de la rastra, con todos aquellos cienfuegueros.  

En nuestra visita diaria a Jagüey Grande, los compañeros nos encargaban cosas. Un día comentábamos con Puppy la inconveniencia de que la microonda funcionara de día solamente. De ocurrir cualquier anormalidad, después de las seis de la tarde, había que apelar a un medio de transporte para recorrer los 24 kilómetros hasta el Central Australia.  

Puppy nos pidió que investigáramos la posibilidad de que por la noche pudiera establecerse comunicación con la microonda. En el Central Australia nos informaron en las oficinas que después de las seis de la tarde, terminadas las labores, aquellas quedaban cerradas hasta el siguiente día.  

Calderín y nosotros estábamos percatados de la importancia de la comunicación por microonda y hablamos con el responsable de milicias del Central. El acuerdo fue que el  local quedaría abierto desde la tarde hasta el amanecer, a fin de que cada media hora, desde Playa Larga, reportaran su situación al miliciano de guardia.  

El 19 de enero nos comunicó Humberto que volviéramos para La Habana. El 21 por la madrugada Elio Constantín nos dijo: -Franqui (director del diario/traidor) me pidió que enviara un reportero al Escambray... -Ese voluntario soy yo, le respondí.  

...después nos veríamos en Playa Girón reportando la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina.  

Al producirse la invasión mercenaria, Franqui nos envió a la zona de la costa norte de Pinar del Río, al conocerse que buques de guerra yankis estaban merodeando por Punta Gobernadora. Como aquello tenía la característica de ser un amago diversionista nos dieron instrucciones de marchar hacia Girón. 

En Playa Larga, los mismos compañeros de aquellos días de enero, del batallón 339, habían hecho frente a los primeros mercenarios que desembarcaron al grito de ¡Patria o Muerte! Ramón González Suco, utilizó nuestra conocida microonda para informar entre las doce de la noche y dos de la madrugada del 17 de abril, paso por paso, cuanto estaba ocurriendo en la Bahía de Cochinos. 

Los mercenarios capturados que condujeron al balneario de Playa Girón ofrecían el mismo aspecto de los bandidos presos en el Escambray. Tenían la fisonomía de la derrota del imperialismo yanqui. Suplicantes de sus crímenes, aquellos del Escambray y estos de Girón, fueron tratados generosamente por la Revolución, tradición establecida por el Ejército Libertador en el  68 y en el 95, y continuada por su legítimo heredero, el Ejército Rebelde, en la  Sierra Maestra.  

Esos meses de enero a abril de 1961, fueron para nosotros reveladores de la firme decisión de nuestro pueblo de defender su Revolución y el derecho a construir una nueva sociedad.

 

Fuente: Unión de Periodistas de Cuba

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